Por su parte, el se apartó un poco para dejarme espacio y vi que en su entrepierna se empezaba a insinuar un poderoso bulto ;). Me senté y crucé las piernas. A la entrada había una mesa vacía con ordenador y papeles encima, supuse que sería para la secretaria, pero no parecía ocupada, sino sólo con papeles esparcidos. La incorporación al trabajo fue sencilla, más que nada conocer el catálogo de productos y las listas de precios para no confundirme y enviar una cosa por otra. Noté cómo mis flujos aumentaban con el roce, las piernas bien altas gracias a los tacones, creí notar alguna gotita de flujo recorriendo la parte interior de mis muslos, noté el aire contenido de la oficina, las respiraciones agitadas… te parece? Le dije a Juan. Conseguí que los informáticos me dieran acceso a todas las agendas y así poder chequear citas e incluirlas en sus agendas electrónicas automáticamente. |