Media cuadra después, en la puerta de un hotel, jalarás mi brazo y, dándome vuelta, me besarás. Y luego preguntaste:¿Repetimos?Y yo te pregunto:¿No quieres?. Soltaste entonces el primer gemido de la tarde. Fue entonces cuando mis manos palparon la delicadeza de tu cintura y la curva de tus caderas. Tracé marcas, dibujé mapas sobre tu cuerpo ardiente, busqué tu vagina bajo la braga, descubriéndola mojada y olorosa. Estabas verdaderamente hermosa pellizcándote el pezón con una mano y acariciándote bajo la braga con la otra, así que me acerqué a ti, llevando mi boca a tu pezón libre y mis manos a tu cintura. |