No sé de cuantas formas llegamos a follar, pero esa tía me enseñó algunas que yo ni siquiera sabía que existían…para que luego se diga de los profesionales: boca abajo, de pie, sobre la alfombra, sobre la mesa, debajo de ella… Aquel coño era succionador, sacaba en cada embestida toda mi energía y no era yo el que se la follaba; sino evidentemente, ella a mi, así, sin miramientos, ordenando cada postura, dejándome sólo como mera herramienta de placer, aunque, todo sea dicho, gocé tanto o más que ella…Después de haberme exprimido como un limón, a la bruja aún le quedaban ganas de marcha. ¡Los cojones! La tía, con los tacones acuchillando la moqueta y la punta de la bota derecha marcando el compás, me tuvo moviendo el culo más de media hora. Aquello parecía no terminar nunca, enlazando una canción tras otra –ya me conozco la capacidad de memoria de estos trastos. – sin embargo, siguiendo su juego, no ofrezco respuesta. Sí, señor La mirada que le echó a Cristina, mientras le devolvía el aparato, era de las que hacen pupa. NO…me hagas esperar, pero tampoco te adelantes. |