Deberías probar esto. Fue mi madre la que lo arregló todo. Se comportaban sin ningún tipo de recato, paseándose por la sala y montándoselo en cada uno de los muebles. Nunca antes les había pillado de esa. Ambos me miraban con la misma sonrisa beatífica de felicidad. Para mi sorpresa y estupor, si es que todavía podía sorprenderme, puso sus manos en mi trasero y separó mis nalgas dejando el hueco necesario para que su boca pudiese continuar besándome. |