Sara asintió. A ver si eres cariñosa, se una buena perrita y lame mis manos. Continuamente echaba la cabeza para atrás, como intentando zafarme, pero sus manos me obligaban a pegarme más y más a su conchita. Gracias por cumplir mis fantasías – le dije a Hugo cuando me dejó en mi casa. Yo me incliné, y sacando la lengua, empecé a cenar. Apenas Sara cerró la puerta yo me puse de rodillas y bajé la cabeza. |