– admití – vengo a pedirte… que me dejes participar de ella. La transformación me había pescado de sorpresa también a mí. Bueno… mi novio te conoce mejor que yo. ¡Maldita mocosa! ¡¿Qué haces aquí?!Giró sobre sí mismo, a sabiendas de que estaba a su espalda, pero no lograba rozarme. Y no pude evitarlo: estaba bastante asustada. Parecía muy joven, como de unos dieciséis… tenía el pelo largo hasta casi la mitad de la espalda, rubio oscuro con toques casi anaranjados, y una espalda admirablemente curvada y sinuosa… la joven se medio volvió, dejando a la vista el lado izquierdo de su cara. |