Yo volví a dirigir mi mano a la entrepierna de mamá, me hice un pequeño hueco entre sus bragas y le metí el dedo en su chochito. Había elegido una baladas para que mamá escuchase música relajante durante el viaje, pero enseguida me di cuenta lo inapropiado de la música para ese momento tan especial y busqué, como pude, otra música más acorde con el ajetreo que allí nos traíamos mamá y yo: una bachata de Juan Luis Guerra. Joder, el tiempo que hacía que no me comía un torrado fue su más que elocuente comentario a tan suculenta mamada. Mamá saltó sobre ella y se subió la mini falda sobre su barriga. Sus comentarios fueron al inicio tímidos pero muy osados, pronto se hicieron frecuentes e igual de atrevidos. La silicona hace milagros, estaban duras y prietas, su piel tersa y fina, su olor bronco y profundo, exudaba y liberaba olores que te embriagaban, pero cuando con mi lengua le atrapé sus pezones, ahí señores, ahí toqué el cielo. |