Al siguiente día me fui a casa de mi vecina y me la traje a mi piso para jugar a la consola, su madre tenía idea de ir a comprarse unos bikinis así que no lo pensé y fuimos a acompañar, a lo mejor la veía en bikini después de todo. Recuerdo que la madre estaba bastante buena, especialmente me gustaban sus pechos, ni muy grandes ni muy chicos, con su tamaño justo, encima le gustaba vestir con ropa ajustada, transparente y escotes pronunciados. Luisa dormia, así que contemple su cuerpo desnudo, tan blanco y suave y comencé a acariciarle de nuevo su coño, seguía húmedo y resbalaba bien. Le encantaba verme jugar a la videoconsola y se lo pasaba también muy bien probando ella. Yo también estaba desnudo, la tumbé en mi cama y me eché encima de ella, comenzando a darle besitos por el cuello y los pechos. La saludé y ella me dio las gracias por cuidar a su hija. |