Enrique debe haber notado mi cara de asombro por lo que me explicó que él prefería cambiarse en su oficina dado que los lockers del gimnasio eran muy pequeños y se le arrugaba la ropa. Poco a poco al comienzo, y luego acelerando hasta que acabé en su boca. Hablamos del exceso de trabajo que tenía y como me estaba matando el estrés. Yo obedecí diligentemente y cuando estuvimos de nuevo frente a frente, Enrique lentamente se agachó hasta que su boca dio a parar sobre mi verga; de nuevo quedé asombrado de su experta lengua, no había un solo pedazo de mi verga y bolas que no fueran recorridos por ella; se la tragó toda y yo empecé a cogérmelo por la boca. Enrique distrajo mis pensamientos cuando se salió de mi y me pidió que me volteara hacia él. Yo sabía lo que venía a continuación, no podía creer que me estaban cogiendo medio vestido sobre un escritorio, y que quien me estaba cogiendo era mi amigo Enrique. |