Nuestros cuerpos hervían, cegados por nuestra unión virtual, para hacerla casi, casi tan real, como si estuviéramos literalmente tocándonos, lamiéndonos, atrayéndonos… tal y como lo describíamos en nuestros mensajes calientes. Me fui dispuesta a la cita, sí… pero antes de cruzar la puerta de aquel café, las dudas me invadieron, todos los miedos me acecharon, aterrada de ver que nuestros sueños pudieran desmoronarse como un castillo de naipes, que de una vez por todas se alejaran nuestros sueños anhelados, todas esas dulces sensaciones. Mi ventana siempre te esperaba anhelante y tú siempre la abrías descubriéndome un nuevo punto que era algo parecido a un resorte de excitación, cuando mis piernas temblaban, cuando mis labios se dilataban, cuando mis pezones se endurecían. Me fui dispuesta a la cita, sí… pero antes de cruzar la puerta de aquel café, las dudas me invadieron, todos los miedos me acecharon, aterrada de ver que nuestros sueños pudieran desmoronarse como un castillo de naipes, que de una vez por todas se alejaran nuestros sueños anhelados, todas esas dulces sensaciones. Estoy segura que al vernos, habríamos descubierto otras impresiones, otras muchas atracciones mutuas, sin embargo, he sido cobarde, me he dejado emocionar por mis propios impulsos y me he quedado paralizada… totalmente desconcertada y no he podido traspasar la puerta. Todo lo que mi cuerpo quería revelar tan cargado desde dentro, se expresaba con sumo descaro cuando tú llegabas cada madrugada… en aquellos mensajes exclusivos, eróticos y tan penetrantes. |