Ambos disfrutábamos de cada momento de aquella noche. Arreglé el desorden que había dejado luego del baño, y sin nada más que hacer llamé al celular de mi mejor amiga para contarle del técnico (Quedé embobada). Aproveché para darme una ducha ya que el tiempo era suficiente. No pude menos que esbozar una sonrisa y agradecerle el piropo. El sitio y la noche eran perfectos. Se fue saludándome con un beso en la mejilla a modo de despedida, erizando mi piel al rozar sus labios con los míos. |