Acababa de entrar en los urinarios de caballeros cuando noté una especie de descarga eléctrica que me recorrió todo el cuerpo. Me bebí de un trago el líquido verdoso, que estaba contenido en un vaso de precipitados, y esperé, sin alimentar muchas esperanzas, a que me hiciera efecto. Yo siempre había soñado con participar en una alocada orgía, de esas que sólo alguien muy adinerado puede organizar en fechas muy señaladas. En este punto quiero hacer una reflexión personal. El magnate le lamía alternativamente ambos pezones con una glotonería sin parangón. Mientras caminaba en su pos iba forjándome un plan tan endiabladamente ilusionante que me hizo quedar boquiabierto. |