Caminamos un importante trecho hasta toparnos con un lugar de descanso, donde había una importante cantidad de banquitos de madera de color blanco que adornaban el sitio junto a unas mesitas haciendo juego. Me enfrenté al espejo y me acomodé el vestido que estaba bastante desalineado por lo ocurrido, peiné con mis dedos el cabello, lo miré con mi mejor cara seria y le pedí que se fuera para la mesa. Comprobé cuán excitado lo había puesto ese beso. Nos marchamos por el mismo recorrido que habíamos atravesado minutos antes, propinándonos besos a cada paso llegamos a su auto. Dijo que era muy bueno en lo suyo y además no era de los que te mataban a la hora de cobrarse el arreglo. El modelo no permitía usar corpiño, pero mi pechos firmes lo permitían. |