Seguro que no. La pasividad que había mostrado durante toda la noche contrastaba enormemente con esa actitud ruda y dominante. Hasta Alberto, que había visto mi cuerpo durante años y en las posiciones más atrevidas se tomó unos segundos. Aunque diez años mayor que su esposa, y algo más de doce mayor que nosotros, se mantenía en forma logrando un look juvenil. Se arrimó hacia donde estaba Carlos, y ambos tomaron asiento en primera fila para lo que ya estaban seguros pasaría. Inclusive, cuando lo tuve frente a mi rostro me impresionó saber cuanto lo deseaba. |