Nuri, comenzó entonces a estrujarse los pechos, disfrutando como loca de la paja que yo le hacía. Personalmente yo no me creía ni la mitad de las historias que contaba, pero el tío lo hacía con tal lujo de detalles que ese día había logrado entonarme un poco, así que miraba a las chavalitas que pasaban por allí como un toro en celo… y claro, mirarlas hacía que me pusiese más cachondo. Cuando lo hizo, un brillo de furia apareció en su mirada y empezó a ponerme verde. Justo entonces, cuando estaba en lo mejor, desvié la mirada hacia Natalia, para comprobar cómo la estaba afectando aquella aventurilla y lo que vi me encantó: Natalia estaba cachonda perdida. Llevaba una semana jodida, trabajando mucho, y encima esa tarde había estado hablando con un compañero que tenía fama de donjuan, y que alardeaba de la guiri que se había tirado la tarde anterior. Conduje hasta un lugar un poco apartado y detuve el auto, volviéndome para ver bien a las chicas por primera vez, no a través del reflejo del retrovisor. |