Quiero que me desates ya”, dijo. Ana se quedó muda pensando si en verdad había escuchado el click de una cámara. Terminé de cortar el jersey y Ana no paró de insultarme. “La cosa es, Ana, que si te dejo correr y te desato se que luego te negarás a ser mi esclavita, y eso no puede ser, ¿no crees?”“Te lo prometo, haré lo que me digas pero deja que me corra” me dijo molesta pues se notaba vacía. Cada vez que me acercaba a su coño percibía el olor de su sexo. Cogí el tanga y lo metí en su coño. |