Supongo que te apreciaba. Pensé si pedirle prestado el carro a mi musculoso amigo, si es que se confirmaba que atraía tanto a los jóvenes. La mujer lo pensó un rato sin decir nada, el rato que yo necesité para lanzar una mirada suplicante al culturista, que él entendió perfectamente. Ray salió disparado con su bólido. Ray, me alucina que tú me digas esto. Lo leí. |