Mi madre me preguntaría más tarde porqué lo había hecho, yo le dije que algo me sentó mal y vomité sobre ellas en la siesta. Ya no podía más, en un descuido mi pene parecía una fuente, soltando chorros de leche por aquí y por allá, ella se manchó las manos y yo intenté no manchar el sofá, sin mucho éxito la verdad. Luisa se quejó pero aguantó. Cuando iba a entrar al probador me indicó que la esperase con Luisa, pero su hija insitió en ir con ella así que para no dejarme sólo fuera supongo que me dijo que pasara con las dos y esperase en el pasillo. ¿Qué tal me sienta Antonio? me preguntó inocentemente. Eso unido a su colonia y yo me derretía por sus huesos. |