Tras salir de la estancia por un momento, volvió envuelto en un blanquísimo albornoz y en la mano traía otro para mi, el cual me echó sobre mi cuerpo desnudo para que le imitara. La cocina era un espacio enorme, la decoración era absolutamente de quedarte con la boca abierta, yo un modesto periodista jamás había visto una cosa igual. nuestra revista, así que empléate a tope. Le llamé y quedamos que iríamos cada uno por su cuenta, pues Tom una vez hiciese su trabajo se piraba, tenia otro encarguito del jefe para más tarde. Esa fueron las palabras de aliento de mi jefe, el muy cabrón me encargaba de realizar un reportaje a ese tiparraco engreído que pintaba de puta pena, como verán no me era grata la figura de Fernando Escalder, un pintor que subía como la espuma, cada uno de sus cuadros valían una pasta y cualquier coleccionista que se precie debía tener al menos una obra de este mocoso que veía el mundo desde un pedestal. Quizás en esas horas de conversación podía encontrar mi venganza, el no había sido honesto conmigo y aquello me malhumoraba. |