! ¡Esta hermanita mía. Ella no cometía nunca ni un error sin embargo ese día no hice más que quejarme injustificadamente de su lentitud, de su torpeza, de su impericia, de su pereza… qué se yo… de todo lo que se me ocurrió. La abracé y la besé tiernamente en los labios. Como sabrás los aqueos son muy apreciados por ser cultos e instruídos. ? – le pregunté en tono pícaro e íntimo, el típico tono de complicidad masculina. Me sentí muy orgullosa de mi querida y joven Akesha. |