Unos segundos después se tumbaba en el suelo al otro lado de la cama y dejaba caer una silla y daba un grito pidiendo ayuda. Mi madre temería que lo viera mi padre con lo que el lugar más seguro era donde nunca tocara. Llevaba una falda corta y ajustada que le marcaban mucho su cintura y su hermoso culo, además de dejar a la vista las estupendas piernas que la sostenían. En ese momento era algo que no me importaba en demasía, pero posteriormente mi madre me contó que había hecho amistad con Maite mientras desayunaban un día en el bar de abajo y que desde entonces casi todos los días desayunaban juntas y hablaban. Él la folló un poco más hasta que se desplomó en la cama agotada por el placer. En aquellos días yo tenía dieciocho años y como era natural estaba muy salido y caliente. |