Eres un cabrón. Era un pequeño cerdote. Ni loco. Como era de esperar, resultó tan cursi como la mayoría de las madres:¿No le vas a dar un beso a Sócrates?El enano se lanzó a mis brazos y tuve que agarrarle del culo para que no resbalara. Bueno. No pude evitar imaginarme al Jefe con quince o dieciséis años, con su cuerpo despampanante, su cabellera rubia y sus ojos azules incitando al personal. |