Luego me giré y saqué mi pene y se lo puse en la mano intentando que lo moviese, aunque no pareció entenderlo y tuve que ayudarla. ¿Qué tal me sienta Antonio? me preguntó inocentemente. Entonces me picó la curiosidad, y me quedé mirando en la puerta. Entonces caí en la cuenta, mi polla no estaba lubricada así que me eché saliva en la mano y la embadurné bien. Volvía a descansar a su lado. Sin resistirme más me levanté y ni corto ni perezoso me bajé las bermudas y los calzoncillos, dejándo al áire mi querida y dura alcallata. |