Bueno Sarita – dijo Hugo aquí te entrego a mi cachorrita. No fue hasta que terminó de vestirse que se paró de mi. Pensé que iba a romper en llanto, pero para mi sorpresa, y seguramente para la de ella, se levantó indignada y me plantó una bofetada que me cruzó la cara. Yo me incliné, y sacando la lengua, empecé a cenar. Nuevamente mi lengua recorrió cada rincón de su cuevita. Estuvo dándome por el culo hasta que se cansó. |