Otra, en su parte superior, llevaba dos tiras rojas cruzadas con las que cubría sus pezones y sujetaba parcialmente sus senos. Sin embargo, tanto el papel como el cristal de la pantalla eran obstáculos insalvables. Daba la sensación de que el tipo estaba quitando el envoltorio de un regalo navideño. Al rato me decidí a cambiar de pareja de baile y para ello me escabullí de sopetón (no me apeteció invertir más tiempo en la mujer cuadrada) y me puse a curiosear por todas las estancias de la planta en la que me hallaba hasta que descubrí un lujoso baño atestado de gente. —¿Carlos? —preguntó Julia con un tembloroso asomo de confusión en su voz. Me acerqué a la lámpara y tiré del cordel. |