No sabía qué iba a pasar, de verdad que no. Yo estaba quieto de nuevo, con mi pene entrando y saliendo de la vagina de mi madre y con el pene de mi padre entrando y saliendo de mi culo. Sin saber muy bien cómo hacerlo, me agaché sobre mi madre intentando no aplastarla y sin preocuparme de colocar mi polla. Acariciaba mi cuello y mis omoplatos. ¡Hola hijo! Dijo mamá con la sonrisa de una borracha. Tenían que estar muy borrachos, no había otra explicación. |