Al hacerlo sentí que mis piernas flojeaban; disimulé bajándome el vestido. Cálido, de iluminación más bien escasa y música tenue, haciendo de él un lugar confortable. ¿Casualidad o causalidad?. Sin sacarla siquiera y sin bajarme fue hasta el sillón y se sentó, quedando yo encima de él sobre su pija que en esa posición había logrado entrar por completo dentro de mí. Me confesé ante su mirada penetrante que parecía concentrarse en esas rosadas manzanitas que se habían incrustado en mi rostro. Mientras, acariciaba mi rostro suavemente. |